El Orgullo

ORIGEN DEL ORGULLO

El orgullo se reveló por primera vez cuando Lucifer intentó establecer su trono en lo alto con presuntuosa independencia de Dios (Is. 14.12–14).

El diablo caído infundió en Adán y Eva el deseo de ser como dioses (Gn. 3.5), con el resultado de que toda la naturaleza del hombre quedó infectada con orgullo a causa de la caída (Ro. 1.21–23).

La “condenación del diablo” está relacionada con el orgullo en 1 Ti. 3.6 (cf. “el lazo del diablo” en 1 Ti. 3.7); el orgullo fue su perdición y sigue siendo el medio primordial por el cual ocasiona la ruina de hombres y mujeres.

DEFINICION DEL ORGULLO

Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas.

El orgulloso es rebelde, rehúsa depender de Dios y sujetarse a él. Se atribuye a sí mismo el honor que se le debe a Dios, figura como la misma raíz y esencia del pecado.

El orgulloso es la cualidad del hombre malvado (Sal 75.4; cf. 2 Cr 26.16; Job 35.12).

El orgulloso hace planes de su vida sin tomar en cuanta a Dios, Stg 4.13–5.6.

El Orgullo es Pecado

En Pr. 8.13 tanto ‘arrogancia’, como ‘insolencia’, son abominación para la sabiduría divina.

Arrogancia

Altanero, soberbio.

Insolencia

Atrevimiento, descaro. Dicho o hecho ofensivo e insultante. Desvergüenza, Descortesía

El Orgullo es considerado como un mal engañoso Abdias 3

Pablo compara a los injuriosos y los soberbios con los pecadores orgullosos en su bosquejo de la depravada sociedad pagana en Ro. 1.30; cf. 2 Ti. 3.2. Stg. 4.16 y 1 Jn. 2.16 El arrogante extiende su ostentación.

Ostentación

Mostrar o hacer evidente algo.

Hacer gala de grandeza, lucimiento y lujo.

CONSECUENCIAS DEL ORGULLO

En Pr. 16.18 se llama “altivez de espíritu”, a la notoria “soberbia” que viene “antes del quebrantamiento”, y se la rechaza a cambio del espíritu contrito.

Soberbia

Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros.

Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás.

Cólera e ira expresadas con acciones descompuestas o palabras altivas e injuriosas.

Altivez

Orgullo, soberbia.

La “altivez”, aparece como la causa fundamental del ateísmo en el Sal. 10.4. Es lo que provoca la caída de Nabucodonosor en Dn. 4.30, 37.

Presunción

Dicho de una persona: Vanagloriarse, tener alto concepto de sí misma.

Dicho de una persona: Cuidar mucho su arreglo para parecer atractiva.

Quien se atribuye grandeza a sí mismo es culpable de orgullo. Este es la esencia del pecado, pues asume para el hombre (o para un pueblo) la gloria que solo a Dios corresponde. Por eso los soberbios y orgullosos serán abatidos (Is 2.11; Jer 50.31, 32; Dn 5.20; Abdias 2–4).

EL ORGULLO Y LA HUMILDAD

Se acordó suprema excelencia a la humildad cuando Cristo se proclamó a sí mismo “manso y humilde de corazón” (Mt. 11.29; Jn 13.13-15). Por el contrario, el orgullo esta en una lista de vicios corruptores que provienen del corazón malvado del hombre (Mr. 7.22).

Humildad

Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento. Sumisión, rendimiento.

Se dice que Dios esparce a los soberbios y exalta a los humildes. Tanto en Stg. 4.6 como en 1 P. 5.5 se cita Pr. 3.34 para enfatizar el contraste entre los mansos, a quienes favorece Dios, y los orgullosos, a quienes Dios resiste.

EL ORGULLO Y EL AMOR

En 1 Co. 13.4 se dice que el amor está libre tanto de la arrogancia como de la jactancia

Jactarse

Dicho de una persona: Alabarse excesiva y presuntuosamente, con fundamento o sin él y aun de acciones criminales o vergonzosas.

Engreírse

Dicho de una persona: Demasiado convencida de su valer.

EL ORGULLO Y EL EVANGELIO

La raíz del mal es el orgullo espiritual (Lc 18.9; Ef 2.9) de creerse justo o merecedor de la salvación.

Lucas 18:10-14 para ser salvo necesito ser humilde en reconocer quien soy

El evangelio está destinado a excluir la jactancia (Ro. 3.27) al enseñar a los hombres que son pecadores, que la justicia propia, por lo tanto, está fuera de cuestión, y que deben mirar a Cristo para su justicia, tomándola como don gratuito por la fe en él. La salvación “no es por obras, para que nadie se gloríe”; es toda por gracia. En consecuencia, ningún hombre, ni siquiera Abraham, puede gloriarse en la obtención de su propia salvación (vease Ef. 2.9; 1 Co. 1.26–31; Ro. 4.1–2).

En Cristo todo orgullo ha sido anulado (1 Co 1.25–30) pues todo lo hemos recibido de gracia. Solo podemos gloriarnos en Cristo (1 Co 1.29ss; Gl 6.14 ) y por ende gozarnos en nuestra debilidad (2 Co 12.9) y en lo que Dios realiza en nosotros (1 Co 15.10).

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